CdMx.- En el poniente de la Ciudad de México, el histórico Edificio Isabel —un conjunto art déco construido entre 1928 y 1929 sobre Avenida Revolución— se ha convertido en símbolo de la disputa por el futuro de Tacubaya. Con 64 viviendas y una vida comunitaria que se ha tejido durante décadas, hoy sus habitantes enfrentan la no renovación de contratos y obras internas que, denuncian, forman parte de un proceso de desplazamiento vinculado a la gentrificación.
La mayoría de los vecinos recibió un correo electrónico en el que se les notificó que sus contratos no serían renovados. El aviso, firmado por la coordinación de arrendamientos de la Fundación Mier y Pesado, argumenta la necesidad de intervenir las viviendas para convertirlas en dúplex y así “continuar recabando ingresos” destinados a su objeto social.
Para quienes viven ahí, la notificación confirmó lo que ya percibían desde meses atrás: remodelaciones constantes, división de casas y cambios en la dinámica interna del conjunto. Algunas viviendas comenzaron a ser administradas por Homie, empresa intermediaria de renta y venta de inmuebles. Donde antes habitaba una familia, ahora podrían vivir varios inquilinos.
Los vecinos califican el proceso como un “desalojo silencioso”. A diferencia de un lanzamiento judicial inmediato, explican, aquí el desplazamiento avanza por etapas: primero las obras, luego la presión indirecta y finalmente la no renovación de contratos. A varios arrendatarios se les fijó como fecha límite el 31 de diciembre de 2025.
“Condesa Sur”: una etiqueta inmobiliaria
Mientras el conflicto crecía puertas adentro, el entorno urbano comenzó a transformarse. En anuncios inmobiliarios y desarrollos recientes empezó a aparecer el nombre de “Condesa Sur”, una etiqueta comercial que busca asociar la zona con colonias de mayor plusvalía como la Condesa.
Uno de los detonantes fue la construcción de un complejo residencial en el terreno donde antes se ubicaba el Cine Ermita, contiguo al Edificio Isabel. El proyecto, promovido bajo el nombre de Condesa Sur, ofrece departamentos con amenidades y diseño similares a los de un hotel de lujo. Para los vecinos, se trata de “marketing puro” que pretende revalorizar el suelo y atraer a un nuevo perfil de inquilinos.
La cercanía con colonias como Escandón y San Miguel Chapultepec refuerza esa presión inmobiliaria. En el cercano Edificio Ermita, otro inmueble emblemático de estilo art déco, ocurrió un proceso similar: salida paulatina de residentes, remodelación y posterior oferta de rentas de corta estancia, con precios que —según testimonios vecinales— oscilan entre 20 y 30 mil pesos mensuales por estudios de dimensiones reducidas.
El papel de los grandes propietarios
Especialistas y activistas urbanos señalan que el fenómeno no puede entenderse sin revisar el papel de los grandes tenedores de vivienda. Cuando una sola entidad concentra múltiples propiedades en una misma zona, advierten, puede influir de manera determinante en los precios de renta.
En paralelo, instrumentos como el Sistema de Actuación por Cooperación —impulsado durante la administración de Miguel Ángel Mancera— han permitido a desarrolladores construir más niveles a cambio de aportaciones para infraestructura. Aunque el esquema contempla que entre 10% y 30% de los desarrollos se destinen a vivienda social, vecinos sostienen que esa disposición rara vez se materializa, lo que favorece el “desplazamiento por densidad”.
La preocupación aumentó cuando comenzaron a levantarse edificios con alturas superiores a las originalmente permitidas, alterando el paisaje urbano y presionando el mercado local.
Historia y arraigo en riesgo
El Edificio Isabel fue concebido como vivienda multifamiliar para familias afectadas tras la Revolución Mexicana. Algunas historias familiares se remontan a la década de 1940. Para varios residentes, no se trata sólo de perder un departamento, sino de fracturar una red comunitaria que ha perdurado por generaciones.
En febrero pasado, habitantes colocaron mantas y se manifestaron públicamente. La intervención del Instituto de Verificación Administrativa derivó en la colocación de sellos de suspensión en obras internas tras detectar posibles irregularidades en un inmueble catalogado como histórico.
Pese a ello, la salida de familias continúa. Adultos mayores y hogares con niños han abandonado el conjunto. Los vecinos señalan una contradicción: mientras la fundación propietaria afirma destinar recursos a la protección de niños y personas mayores, algunas de las familias que dejan el edificio pertenecen justamente a esos grupos.
Rentas al alza y presión externa
De acuerdo con testimonios recabados en la zona, hace algunos años era común encontrar rentas entre ocho y 12 mil pesos en Tacubaya. Hoy, varios departamentos se anuncian entre 20 y 25 mil pesos. Incluso cuartos en vecindades con poco mantenimiento alcanzan los 11 mil.
A este escenario se suma la expectativa por la Copa Mundial de la FIFA 2026. Vecinos consideran que la llegada del evento internacional podría acelerar proyectos inmobiliarios y el crecimiento de rentas temporales a través de plataformas digitales, incrementando el atractivo de barrios cercanos a zonas consolidadas.
¿Quién puede quedarse?
Para los habitantes organizados, lo que ocurre en Tacubaya es una muestra de un proceso más amplio en la ciudad: el mercado termina definiendo quién puede permanecer en un barrio cuando aumenta el valor del suelo.
“Hoy somos nosotros, mañana pueden ser otros”, advierten.
La disputa en torno al Edificio Isabel no sólo enfrenta a arrendatarios y propietarios. También plantea preguntas sobre el papel de las autoridades, la regulación de grandes tenedores de vivienda y la efectividad de las políticas de vivienda social.
Mientras la etiqueta de “Condesa Sur” gana terreno en la publicidad inmobiliaria, en los pasillos del viejo edificio art déco persiste otra narrativa: la de una comunidad que intenta resistir para no convertirse en la siguiente expulsada del mapa urbano.


