julio 21, 2026

Everardo Gonzalez Castanedo

Guadalajara crece hacia arriba, pero pierde identidad

Guadalajara, entre la verticalidad y el olvido: podría perder su memoria arquitectónica

Guadalajara Jal.- Guadalajara enfrenta una disyuntiva que comienza a adquirir tintes alarmantes: crecer hacia arriba para responder a la presión inmobiliaria o preservar el patrimonio arquitectónico que ha dado identidad y prestigio internacional a zonas como la colonia Americana. Aunque este barrio del centro de la ciudad fue reconocido como uno de los más “cool” del mundo y posteriormente declarado Barrio Mágico, en la práctica su paisaje urbano se transforma aceleradamente, y no siempre de manera legal ni ordenada.

En los últimos años, casonas emblemáticas —muchas de ellas catalogadas con valor artístico relevante— han sido derribadas, modificadas o abandonadas hasta su colapso, abriendo paso a nuevos desarrollos inmobiliarios que alteran la escala, el carácter y la memoria del barrio. La paradoja es evidente: mientras el reconocimiento oficial busca impulsar su valor cultural y turístico, la realidad cotidiana muestra un patrimonio cada vez más vulnerable.

Obras irregulares y sanciones que no disuaden

De acuerdo con la Secretaría de Cultura de Jalisco, las sanciones por intervenir o demoler fincas protegidas pueden ir desde multas económicas hasta la obligación de reconstruir el inmueble afectado. Sin embargo, estos castigos no parecen suficientes para frenar la práctica reiterada de violaciones al marco legal.

Ximena López, directora de Patrimonio Cultural del Gobierno de Jalisco, admite que la dependencia estatal carece de atribuciones directas y de personal para clausurar obras irregulares, por lo que depende de la coordinación con los ayuntamientos.

“Nosotros no tenemos el personal para ir a clausurar como tal; solicitamos el apoyo a los municipios, revisamos si existe dictamen y, si no lo hay, pedimos la clausura completa”, explicó. Esta limitación institucional ha permitido que algunos desarrolladores avancen incluso rompiendo sellos de clausura sin consecuencias inmediatas.

Fincas derribadas pese a su valor histórico

Casos recientes evidencian la fragilidad del sistema de protección. En la finca ubicada en Francisco Javier Gamboa 180, el Ayuntamiento de Guadalajara tuvo que intervenir en seis ocasiones por falta de licencias y violación de sellos; ocho personas fueron detenidas por destruirlos. Días después, se reportó la demolición de otra finca con valor artístico en José Guadalupe Montenegro 1653, pese a que existía un procedimiento administrativo abierto desde 2022 por abandono, sin que hasta ahora se conozcan sanciones al propietario.

La preocupación se intensifica al considerar que solo en avenida La Paz existen alrededor de 40 fincas catalogadas con valor artístico, varias diseñadas por Luis Barragán, el único arquitecto mexicano ganador del Premio Pritzker. Cada demolición no autorizada representa no solo una pérdida material, sino un golpe directo a la historia urbana de Guadalajara.

Más dictámenes, más presión inmobiliaria

Durante 2024 se emitieron 185 dictámenes para intervenir fincas en la colonia Americana; en lo que va de 2025, la cifra ya asciende a 210. De estos, 49 corresponden a solicitudes de sustitución o derribo. Aunque la autoridad asegura que ninguna de estas últimas involucra inmuebles catalogados con valor artístico, especialistas advierten que la frontera entre lo protegido y lo “prescindible” se vuelve cada vez más difusa frente al interés económico.

Algunos proyectos combinan restauración y nueva construcción, como el caso de una finca de Barragán en el cruce de La Paz y Progreso, donde se autorizó su rehabilitación junto con la edificación de una torre hotelera. Para muchos habitantes y expertos, este tipo de intervenciones abre la puerta a un cambio irreversible en la fisonomía del barrio.

Especialistas alertan: el problema no es crecer, sino cómo

Mónica del Arenal, doctorante en Historia de la Arquitectura, advierte que la densificación urbana no es negativa por sí misma, pero sí lo es cuando se logra a costa del patrimonio.

“La verticalidad no es el problema; el problema es que estas políticas desplazan la arquitectura patrimonial”, señala. A su juicio, la convivencia entre desarrollo y conservación es posible, pero requiere reglas claras, planeación urbana responsable y estrategias reales de reutilización adaptativa de las fincas históricas.

Entre las alternativas, propone recuperar modelos de vivienda colectiva similares a las antiguas vecindades, adaptando grandes casonas para vivienda asequible sin destruir su esencia arquitectónica

Patrimonio, derecho a la memoria y generaciones futuras

Por su parte, Claudia Rueda, académica del CUAAD de la Universidad de Guadalajara, subraya que el valor de estas fincas no reside solo en su diseño, sino en su relación con el tejido urbano y la memoria colectiva.

“No se trata de frenar el desarrollo ni de congelar las viviendas; se trata de pensar en el pasado utilizándolas en el presente”, afirma. Dejar los inmuebles sin uso ni mantenimiento, advierte, es una forma silenciosa de destruirlos; pero sustituirlos por torres también implica borrar parte de la identidad de la ciudad.

Ambas especialistas coinciden en que la lógica puramente económica de algunos desarrolladores está dejando de lado el derecho de las futuras generaciones a conocer, habitar y aprender del patrimonio arquitectónico que distingue a la colonia Americana. Si no se actúa con mayor firmeza y visión a largo plazo, Guadalajara corre el riesgo de crecer en altura, pero empobrecerse en historia, memoria y carácter urbano.