¿Siete millones por un depa de cartón? La gentrificación de lujo se extiende en México
Torres residenciales, rentas impagables y muros de Tablaroca definen un modelo inmobiliario que se replica en varias ciudades del país, donde el “boom” de departamentos no siempre significa vivienda digna ni accesible.
Ciudad de México.— Lo que hoy ocurre en Monterrey no es un caso aislado. En distintas ciudades de México —como Ciudad de México, Guadalajara, Mérida, Tulum y zonas metropolitanas del norte y centro del país— el crecimiento inmobiliario avanza con fuerza bajo una misma promesa: modernidad, cercanía y amenidades de lujo. Sin embargo, el resultado suele ser similar: departamentos pequeños, caros y construidos con materiales frágiles, inaccesibles para la mayoría de la población.
En el caso de Monterrey, este fenómeno se manifiesta con claridad en la proliferación de torres de hasta 30 pisos en colonias que antes albergaban a familias de ingresos bajos y medios. Hoy, espacios de hasta 130 metros cuadrados alcanzan precios superiores a los siete millones de pesos, mientras la renta promedio de un departamento de dos recámaras rebasa los 24 mil pesos mensuales, una cifra muy distante del salario promedio nacional.
Viviendas que no se habitan
Aunque el auge de departamentos debería responder a la necesidad de vivienda para jóvenes y familias, muchos de estos inmuebles permanecen vacíos o se destinan a rentas temporales mediante plataformas digitales. En un país donde alrededor del 80% de la demanda de vivienda es de tipo económico, la construcción de desarrollos de alto costo deja fuera a la mayoría.
La abogada y especialista en vivienda Carla Escoffié advierte que este desajuste no sólo encarece el acceso a un hogar, sino que genera ciudades fragmentadas: “Hay un déficit de vivienda accesible en zonas bien ubicadas. Cuando se construye vivienda de lujo que no se habita, no se resuelve el problema de densidad ni el derecho a la ciudad”.
El “estilo Friends” y la vivienda como producto
Un caso emblemático es un departamento temático inspirado en la serie Friends, ubicado en Monterrey, que funciona como Airbnb y se renta con éxito durante festivales y conciertos. Aunque atractivo para el turismo, el inmueble refleja una tendencia nacional: viviendas concebidas más como producto de consumo o experiencia temporal que como hogar permanente.
La situación se repite en otros puntos del país, donde desarrollos con albercas, gimnasios, coworking y terrazas seducen compradores e inversionistas, pese a que sus muros internos son de tablaroca, material que limita la durabilidad y el uso cotidiano de los espacios.
Jóvenes, salarios bajos y vivienda inaccesible
Rubén, ingeniero de 32 años, logró comprar un departamento durante la pandemia por un precio hoy impensable. Su experiencia contrasta con la realidad actual de miles de jóvenes mexicanos que, aun con empleo formal, no pueden acceder a una vivienda sin endeudarse por décadas o resignarse a espacios reducidos y de baja calidad.
De acuerdo con datos oficiales, el salario promedio en México ronda los 10 mil pesos mensuales, mientras el precio de la vivienda sigue al alza. En el primer trimestre de 2025, el Índice SHF reportó un incremento nacional de más del 8% en el costo de las viviendas adquiridas con crédito hipotecario, con aumentos mayores en zonas metropolitanas.
¿Gentrificación o falta de planeación?
Especialistas en urbanismo coinciden en que no todo inmueble desocupado implica gentrificación, pero sí revela fallas estructurales del modelo de desarrollo urbano. Gabriel Todd Alanís, experto en vivienda, señala que en México existen vacíos legales que permiten construir interiores sin regulación clara, siempre que la estructura cumpla con la norma.
Además, el impulso a la verticalización, sin una estrategia integral, ha encarecido el suelo urbano y provocado desplazamiento de comunidades, turistificación y especulación inmobiliaria, fenómenos visibles tanto en el norte como en el centro y sureste del país.
El reto nacional
Mientras las inmobiliarias defienden que precios y acabados responden al libre mercado, organizaciones civiles y especialistas insisten en la urgencia de políticas públicas que fomenten vivienda accesible, cooperativas habitacionales y modelos de densificación de baja altura.
La pregunta que se repite en Monterrey, Ciudad de México o cualquier otra gran urbe del país es la misma: ¿cuánto debe ganar una persona en México para acceder a una vivienda digna, bien ubicada y de calidad?
La respuesta, coinciden expertos y ciudadanos, no puede quedar sólo en manos del mercado. El futuro de las ciudades mexicanas dependerá de que las nuevas generaciones exijan no sólo torres modernas y amenidades atractivas, sino hogares que realmente puedan habitarse y sostenerse en el tiempo.


