agosto 17, 2026

Everardo Gonzalez Castanedo

El mediocre Atlético de San Luis no perdió; fue aplastado en el #Azteca

Ciudad de México, México.- La visita al Estadio Azteca terminó en un contundente 3-0 ante el América, pero lo verdaderamente preocupante no está solamente en el marcador, sino en la vergonzosa incapacidad del conjunto potosino para competir durante prácticamente los 90 minutos.

San Luis llegó al Coloso de Santa Úrsula sin argumentos, sin personalidad y sin la intensidad necesaria para enfrentar a un rival de esta jerarquía. América jugó a placer, mientras el Atlético parecía conformarse con resistir. Y ni siquiera eso pudo hacer.

El primer aviso terminó en gol al 26’, cuando Raphael Veiga abrió el marcador. La defensa potosina volvió a quedar retratada y, lejos de reaccionar, el equipo se hundió todavía más.

El Atlético fue incapaz de construir una ofensiva seria. No hubo presión efectiva, no hubo circulación de balón y mucho menos capacidad para incomodar al América. Cada minuto que pasaba confirmaba una realidad incómoda: el equipo potosino estaba completamente superado.

El segundo golpe llegó al 52’, con el tanto de Óscar Perea. 2-0 y la misma historia: un Atlético de San Luis desconectado, incapaz de corregir sus errores y sin una respuesta desde la cancha.

El tercero fue cuestión de tiempo. Al 66’, D. Arriaga marcó el 3-0 y terminó de sentenciar una noche que debería encender todas las alarmas en el conjunto potosino.

Porque una cosa es perder contra América y otra muy distinta es salir al Azteca sin mostrar orgullo, futbol ni capacidad de reacción.

El Atlético fue un equipo partido, predecible y frágil. La defensa hizo agua, el mediocampo desapareció y el ataque fue prácticamente inexistente. No hubo un jugador capaz de echarse al equipo al hombro ni una reacción colectiva que permitiera pensar en una remontada.

Y aquí está el verdadero problema: no parece haber una identidad.

El Atlético de San Luis está acumulando actuaciones en las que resulta difícil encontrar algo rescatable. Si la intención es competir en serio en la Liga MX, no alcanza con tener nombres, cambiar piezas o hablar de proyectos. Hay que demostrarlo en la cancha.

El América no necesitó una exhibición histórica. Le bastó con jugar su partido y esperar a que San Luis se equivocara. Tres goles, cero respuesta y una derrota que deja al Atlético con la obligación de mirarse al espejo y replantear los argumentos para dejar de ser el equipo más goleado del torneo.