El loro huasteco resiste entre el concreto; tráfico ilegal y pérdida de hábitat ponen en riesgo su supervivencia
Tampico, Tamaulipas. En lo alto de una palmera ubicada en la Plaza de Armas de Tampico, una pareja de loros huastecos continúa con su ciclo reproductivo, ofreciendo una escena poco común para una especie cuya presencia en libertad disminuye cada año debido a la destrucción de su hábitat y al tráfico ilegal.
Especialistas y organizaciones ambientalistas advierten que el avistamiento de estas aves representa un indicador de que aún existen poblaciones silvestres en la región Huasteca, aunque cada vez más reducidas. La pareja permanece resguardando su nido entre el follaje de las palmeras del primer cuadro de la ciudad, lejos del movimiento cotidiano de miles de personas.
Un refugio inesperado en pleno centro urbano
Mientras el crecimiento urbano continúa transformando el paisaje de la zona sur de Tamaulipas, los loros huastecos han encontrado en algunas palmeras un sitio relativamente seguro para reproducirse.
Durante varias horas de observación es posible apreciar cómo ambos ejemplares permanecen cerca del nido, alternando vuelos cortos y vigilando constantemente su entorno, comportamiento característico durante la temporada reproductiva.
De acuerdo con ambientalistas, este tipo de escenas eran mucho más frecuentes hace algunos años, cuando grandes parvadas sobrevolaban los árboles de mango y otras áreas arboladas de Tampico, Ciudad Madero, Altamira y municipios del norte de Veracruz y la Huasteca potosina.
La tala reduce las posibilidades de sobrevivir
La presidenta de la asociación Nutrias con Causa, Abianez Sánchez Gallardo, explicó que la disminución del arbolado y la expansión de las zonas habitacionales han reducido considerablemente los espacios naturales donde la especie puede anidar.
Indicó que la pérdida de árboles afecta directamente el éxito reproductivo de estas aves, que además enfrentan amenazas constantes por parte del ser humano.
Los especialistas coinciden en que la conservación del loro huasteco depende en gran medida de preservar los ecosistemas donde históricamente ha habitado.
El mercado ilegal sigue activo
A la presión que ejerce la pérdida de hábitat se suma el tráfico clandestino.
Ambientalistas denunciaron que todavía es posible encontrar ejemplares ofertados en redes sociales y grupos de compraventa, donde algunos vendedores llegan a pedir hasta 3 mil pesos por ave.
El problema comienza cuando personas localizan los nidos, extraen huevos o capturan crías antes de que puedan volar, provocando además la destrucción de los sitios de reproducción.
El loro huasteco se encuentra protegido por la Norma Oficial Mexicana NOM-059-SEMARNAT, por lo que su captura, comercialización y posesión sin autorización constituye una violación a la legislación ambiental mexicana.
Piden no comprar ejemplares
Organizaciones dedicadas a la conservación reiteraron que la mejor forma de combatir el tráfico ilegal es eliminar la demanda.
Por ello exhortan a la población a no adquirir estas aves como mascotas y, en caso de detectar ejemplares heridos, nidos saqueados o personas comercializándolos, reportar la situación ante la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) para que intervenga conforme a sus atribuciones.
También recuerdan que mantener un loro silvestre en cautiverio no solo representa un daño para la especie, sino que incentiva una actividad ilegal que pone en riesgo la supervivencia de cientos de ejemplares cada año.
Conservación aún enfrenta desafíos
Hace algunos años autoridades municipales instalaron cajas-nido en las palmeras de la Plaza de Armas como parte de una estrategia para favorecer la reproducción del loro huasteco; sin embargo, actualmente esos refugios ya no permanecen en el sitio.
Para ambientalistas, además de fortalecer la vigilancia contra el tráfico ilegal, resulta indispensable impulsar áreas naturales y santuarios especializados que permitan recuperar las poblaciones silvestres de una de las aves más representativas de la región Huasteca.
Mientras tanto, la pareja de loros que aún sobrevuela el centro histórico de Tampico se mantiene como un símbolo de resistencia frente a las amenazas que enfrenta una especie cuya permanencia depende, en gran medida, de la protección de su entorno natural y del compromiso ciudadano para evitar su captura y comercialización.


