julio 21, 2026

Everardo Gonzalez Castanedo

Artesanos de Tonalá defienden un patrimonio hecho a mano

Tonalá, Jalisco. En un taller donde el tiempo parece avanzar a otro ritmo, la familia Pajarito mantiene viva una de las expresiones artesanales más representativas de Jalisco: el barro canelo bruñido, una técnica de origen prehispánico que ha pasado de generación en generación y que hoy continúa posicionando a Tonalá como uno de los principales referentes de la alfarería mexicana.
Lejos de los procesos industrializados, cada pieza nace de un trabajo completamente manual que comienza con la extracción del barro y los minerales de la región y concluye con un delicado bruñido que otorga el característico brillo natural, sin recurrir a esmaltes o barnices comerciales.
María Genoveva Pajarito Fajardo, integrante de la quinta generación de artesanos de la familia, explica que preservar esta tradición representa mucho más que fabricar objetos decorativos.
«Es un legado, pero también una responsabilidad. Nuestro compromiso es conservar la calidad de las obras y mantener viva una técnica que identifica a Tonalá y a nuestra comunidad», afirma.
La historia familiar se remonta al bisabuelo de los actuales artesanos, quien transmitió los conocimientos sobre el manejo del barro, la preparación de pigmentos naturales y las técnicas de decoración que aún distinguen a estas piezas reconocidas dentro y fuera de México.
Una técnica que nace directamente de la naturaleza
El barro canelo bruñido forma parte de las técnicas tradicionales de Tonalá, junto con el barro bandera, el petatillo y el barro negro. Su principal característica radica en que prácticamente todos los materiales utilizados provienen de la tierra.
Desde el barro hasta los pigmentos empleados para decorar las piezas son obtenidos de manera natural, mediante procesos que requieren selección, molienda, cernido y preparación artesanal.
Incluso los pinceles son elaborados por los propios artesanos utilizando fibras naturales, mientras que el brillo característico se consigue mediante un paciente proceso de bruñido realizado con piedras y cuarzos perfectamente pulidos.
Cada pieza demanda semanas de trabajo y una precisión absoluta durante el tallado de flores, animales y figuras tradicionales, ya que cualquier error puede echar a perder el proceso.
Arte que trasciende fronteras
La producción de la familia Pajarito está orientada principalmente a galerías, hoteles, restaurantes, coleccionistas y museos, donde sus piezas son apreciadas como obras únicas elaboradas completamente a mano.
Al no existir dos decoraciones idénticas, cada creación posee un carácter irrepetible que refleja tanto la experiencia del artesano como la riqueza cultural de Tonalá.
Tradición frente a la producción masiva
Aunque el prestigio de la alfarería tonalteca permanece vigente, los artesanos reconocen que actualmente enfrentan importantes desafíos, principalmente por la comercialización de productos industrializados que imitan los diseños tradicionales sin respetar los procesos originales.
Ante este panorama, María Genoveva hace un llamado para que los visitantes adquieran artesanías directamente en los talleres familiares, donde cada compra contribuye al sustento de quienes mantienen vivo este oficio ancestral.
El reto de asegurar el relevo generacional
Mientras los integrantes de la familia continúan elaborando nuevas piezas, una nueva generación comienza a acercarse al oficio observando y aprendiendo las técnicas heredadas por sus antepasados.
Para María Genoveva, el objetivo no es imponer la profesión a sus hijos, sino transmitirles el valor cultural de sus raíces para que, independientemente del camino que elijan, comprendan la importancia de preservar un patrimonio que ha dado identidad a Tonalá durante más de un siglo.
En una época dominada por la producción en serie y el consumo inmediato, el barro canelo bruñido permanece como un ejemplo de paciencia, conocimiento y respeto por la naturaleza. Cada obra que sale del taller no solo representa una expresión artística, sino también la continuidad de una tradición que sigue escribiendo la historia artesanal de Jalisco generación tras generación.