julio 21, 2026

Everardo Gonzalez Castanedo

De la antigüedad a la actualidad: el beso, una expresión que trasciende generaciones

Cada 13 de abril se conmemora el Día Internacional del Beso, una fecha que, más allá de lo simbólico, resalta la importancia de este gesto en las relaciones humanas y en la construcción de vínculos afectivos. Esta celebración tiene su origen en un hecho curioso: el récord del beso más largo registrado en Tailandia durante un concurso realizado con motivo del Día de San Valentín.

Un gesto con historia milenaria

El origen del beso ha sido objeto de múltiples teorías. Algunos especialistas sugieren que podría derivar de prácticas primitivas relacionadas con la alimentación de los hijos, mientras que otros ubican sus primeras manifestaciones en antiguas civilizaciones del oriente, particularmente en la India. Vestigios tallados en templos y referencias en textos como el Kamasutra, escrito alrededor del siglo III, evidencian que el beso ya formaba parte de la expresión humana desde hace siglos.

Con el paso del tiempo, esta práctica se expandió a Europa, influenciada por procesos históricos como las conquistas de Alejandro Magno. En distintas culturas y épocas, el beso ha tenido significados diversos: desde símbolo de afecto y lealtad hasta elemento religioso o incluso acto prohibido en ciertos contextos sociales.

La química del beso

Más allá de su carga emocional, el beso también tiene un impacto directo en el organismo. Estudios han demostrado que al besar se liberan hormonas como la oxitocina y la dopamina, relacionadas con el placer, el enamoramiento y la reducción del estrés. Además, puede fortalecer el sistema inmunológico, mejorar la circulación sanguínea e incluso contribuir a la autoestima.

Este intercambio no solo es emocional, sino también biológico: durante un beso pueden transferirse miles de bacterias, la mayoría inofensivas, lo que refuerza la idea de que este acto es también una interacción física compleja.

De lo prohibido a lo cotidiano

A lo largo de la historia, el beso ha atravesado diferentes percepciones sociales. En la Edad Media, por ejemplo, podía considerarse impuro en ciertos contextos, mientras que en la Revolución Industrial comenzó a normalizarse dentro de la intimidad. Fue con el Romanticismo cuando se consolidó como una expresión libre de sentimientos, marcando un cambio cultural que permanece hasta la actualidad.

Hoy en día, besar es una práctica universal que trasciende culturas, utilizada para expresar amor, amistad, respeto o cercanía, aunque en algunos países aún existen restricciones sobre su manifestación en espacios públicos.

Un récord que dio la vuelta al mundo

El impulso moderno de esta celebración se remonta a 2011, cuando una pareja tailandesa logró un beso continuo de más de 46 horas. Dos años después, rompieron su propio récord al alcanzar 58 horas, 35 minutos y 58 segundos, consolidando este acontecimiento como el origen del Día Internacional del Beso.

Más que un simple gesto

El beso, lejos de ser un acto trivial, representa una de las formas más profundas de comunicación humana. Desde su valor histórico hasta sus efectos biológicos, este gesto continúa siendo un símbolo poderoso de conexión, capaz de expresar lo que muchas veces las palabras no logran transmitir.