julio 21, 2026

Everardo Gonzalez Castanedo

Pandemia acentúa caída en asistencia a templos y vocaciones religiosas

La fe se transforma en México: menos práctica religiosa, pero fuerte arraigo cultural

Aunque México continúa siendo un país mayoritariamente católico, especialistas advierten que la relación de la sociedad con la fe ha cambiado de manera significativa en los últimos años, especialmente entre las nuevas generaciones, donde se observa una menor práctica religiosa y un vínculo más flexible con las creencias.

De acuerdo con el doctor Fabián Acosta Rico, profesor investigador del Departamento de Filosofía de la Universidad de Guadalajara, el catolicismo sigue siendo predominante, pero enfrenta una disminución sostenida en el número de creyentes. Datos censales revelan que en 2010 el 82.7 por ciento de los mexicanos se identificaban como católicos, cifra que descendió a 77.7 por ciento en 2020, lo que representa una caída de cinco puntos porcentuales en una década.

A pesar de esta reducción, México se mantiene como una de las principales naciones católicas del mundo, con cerca de 98 millones de fieles, solo por debajo de Brasil. Este dato, explicó el especialista, demuestra que la religión continúa teniendo un peso estructural en la vida cultural y simbólica del país.

Jalisco, bastión del catolicismo

En entidades como Jalisco, la tradición religiosa mantiene una presencia destacada. Alrededor del 89.2 por ciento de la población se reconoce como católica, lo que equivale a aproximadamente 7.8 millones de personas, posicionando al estado como uno de los principales referentes del catolicismo en México.

No obstante, esta alta identificación no necesariamente se traduce en una práctica activa. El académico señaló que cada vez más personas se asumen como católicas por herencia cultural, pero sin una participación constante en rituales o una adhesión profunda a los valores religiosos.

Jóvenes entre el escepticismo y la búsqueda de certeza

Uno de los cambios más relevantes se observa entre los jóvenes. En América Latina predomina un “escepticismo pragmático”, donde muchos mantienen la etiqueta religiosa sin ejercerla plenamente. En contraste, en países como Estados Unidos, Inglaterra y Francia se ha detectado un resurgimiento del catolicismo, particularmente entre varones jóvenes que buscan estructuras más firmes frente a la incertidumbre contemporánea.

Este fenómeno responde, según Acosta Rico, a la necesidad de certidumbre en un contexto de sobreinformación y fragmentación de identidades, lo que impulsa a algunos sectores a retomar creencias más sólidas.

Pandemia y menor asistencia a templos

El distanciamiento con la religión también se refleja en la disminución de la asistencia a templos, una tendencia que se agudizó tras la pandemia de COVID-19 y que aún no logra recuperarse por completo.

A ello se suma una crisis en las vocaciones religiosas. Actualmente, en México hay alrededor de 17 mil 400 sacerdotes, lo que equivale a un ministro por cada 5 mil 600 fieles. Aunque existen miles de seminaristas en formación, la deserción en etapas tempranas limita el relevo generacional y complica la cobertura pastoral en diversas regiones.

Tradiciones en transformación

En el ámbito cultural, celebraciones como la Semana Santa han cambiado notablemente. Lo que antes era un periodo de recogimiento generalizado, con cierres de negocios y una vida social pausada, hoy convive con dinámicas de turismo, entretenimiento y actividad cotidiana.

Este cambio refleja una sociedad más plural y diversa, donde distintas creencias y formas de espiritualidad coexisten, modificando la manera en que las personas viven y entienden la religión.

La religión no desaparece, evoluciona

Pese a estos cambios, el especialista subrayó que el cristianismo sigue influyendo profundamente en la construcción de valores sociales, como la dignidad humana, la igualdad y los derechos fundamentales.

Más que una desaparición, concluyó, la religión en México atraviesa un proceso de transformación en el que conviven la tradición, la identidad cultural y nuevas formas de espiritualidad individual, redefiniendo el papel de la fe en la vida contemporánea.