Mundo.- Cada 25 de marzo se conmemora el Día Internacional de Solidaridad con el Personal Detenido y Desaparecido, una fecha instaurada para honrar la memoria de trabajadores humanitarios que han sido víctimas de violencia durante el cumplimiento de su labor, así como para exigir mayores garantías de seguridad en contextos de conflicto y crisis.
La conmemoración tiene su origen en el caso de Alec Collett, funcionario vinculado a la Organización de las Naciones Unidas, quien fue secuestrado y asesinado en 1985 mientras desempeñaba tareas humanitarias en Medio Oriente. Su caso evidenció los riesgos extremos a los que se enfrenta el personal internacional en zonas de conflicto.
Riesgos persistentes para el personal humanitario
A lo largo de las últimas décadas, la ONU ha mantenido su misión de promover la paz, la cooperación internacional y la asistencia humanitaria; sin embargo, esta labor ha tenido un alto costo. Decenas de trabajadores han sido víctimas de secuestros, desapariciones y asesinatos en distintas regiones del mundo, particularmente en escenarios de guerra, inestabilidad política o presencia de grupos armados.
Ante esta situación, en 1993 el Consejo de Seguridad impulsó medidas para reforzar la protección del personal desplegado en misiones internacionales. Un año después, la Asamblea General aprobó la Convención sobre la Seguridad del Personal de las Naciones Unidas y el Personal Asociado, instrumento jurídico clave que obliga a los Estados a garantizar la seguridad de quienes participan en labores humanitarias.
Impulso diplomático y compromiso internacional
El desarrollo de este marco legal contó con la participación destacada de Colin Keating, quien defendió la necesidad de establecer mecanismos firmes de protección. Su postura subrayó la responsabilidad de la comunidad internacional para prevenir actos de violencia como secuestros, tortura o asesinatos contra el personal humanitario.
Además de los instrumentos legales, expertos coinciden en que es fundamental fortalecer la capacitación del personal, tanto civil como militar, para enfrentar escenarios de alto riesgo y reducir vulnerabilidades durante sus misiones.
Un desafío vigente en el contexto actual
A pesar de los avances normativos, la violencia contra trabajadores humanitarios continúa siendo una preocupación global. Informes recientes señalan que el número de incidentes, incluyendo toma de rehenes y ataques directos, se mantiene elevado en regiones afectadas por conflictos armados y crisis humanitarias.
En este contexto, el Día Internacional de Solidaridad no solo es una fecha conmemorativa, sino también un llamado a los gobiernos y organismos internacionales para reforzar estrategias de protección, garantizar la rendición de cuentas y salvaguardar la vida de quienes trabajan en favor de la paz.
La conmemoración de este 2026 se da en medio de un escenario internacional complejo, donde la labor humanitaria sigue siendo indispensable, pero también cada vez más peligrosa. La protección de estos trabajadores se mantiene como una prioridad urgente en la agenda global.


