julio 21, 2026

Everardo Gonzalez Castanedo

Alertan especialistas sobre la detección tardía de enfermedades renales

Mundo.- Cada segundo jueves de marzo se conmemora el Día Mundial del Riñón, una fecha dedicada a generar conciencia sobre la importancia de la salud renal y la prevención de enfermedades que afectan a millones de personas en el mundo. En 2025, esta jornada se celebró el 13 de marzo, con campañas informativas, jornadas médicas y acciones de sensibilización impulsadas por organismos internacionales de salud.
La efeméride fue instaurada en 2006 por la Sociedad Internacional de Nefrología (ISN) y la Federación Internacional de Fundaciones Renales (IFKF), con el objetivo de alertar a la población sobre la creciente incidencia de enfermedades renales crónicas y promover la detección temprana de estos padecimientos
De acuerdo con estimaciones médicas internacionales, alrededor del 10% de la población mundial padece algún tipo de enfermedad renal crónica, aunque en muchos casos las personas no lo saben. Esto se debe a que los síntomas suelen aparecer cuando la enfermedad ya se encuentra en una etapa avanzada, momento en el que los tratamientos se limitan a diálisis o trasplante de riñón.
La importancia de los riñones para el organismo
Los riñones cumplen una función esencial en el cuerpo humano al actuar como un sistema de filtración natural. A través de ellos se eliminan toxinas, exceso de líquidos y desechos del organismo mediante la orina.
Cuando este proceso falla o se ve comprometido, el cuerpo puede acumular sustancias nocivas que provocan intoxicación y daños severos a la salud.
Además, especialistas advierten que las enfermedades renales incrementan el riesgo de padecer infartos de miocardio y accidentes cerebrovasculares, ya que la sangre puede acumular colesterol, grasas y otros sedimentos que normalmente deberían ser eliminados por el organismo.
Detección temprana: clave para evitar complicaciones
Uno de los principales mensajes del Día Mundial del Riñón es que la detección temprana puede salvar vidas. Identificar un problema renal en etapas iniciales permite iniciar tratamientos y modificar hábitos para evitar o retrasar el deterioro del órgano.
La detección es relativamente sencilla, ya que basta con análisis de sangre y orina para verificar si los riñones funcionan adecuadamente. Cuando los resultados muestran valores fuera de los rangos normales, los médicos pueden solicitar estudios adicionales para confirmar o descartar alguna enfermedad.
No obstante, especialistas señalan que no todos los resultados alterados indican daño renal, ya que también pueden estar relacionados con infecciones urinarias, problemas en la vejiga o trastornos circulatorios.
Alimentación y estilo de vida
Cuando una enfermedad renal se detecta a tiempo, en muchos casos puede controlarse mediante cambios en el estilo de vida, especialmente en la alimentación.
La llamada dieta renal busca reducir la carga de trabajo de los riñones mediante la disminución del consumo de sal, grasas y algunos tipos de proteínas, al tiempo que se promueve el aumento en la ingesta de frutas y verduras. También se recomienda moderar el consumo de lácteos y mantener una adecuada hidratación.
Desigualdad social y salud renal
Expertos en salud pública advierten que las enfermedades renales también reflejan desigualdades sociales, ya que su incidencia suele ser mayor en comunidades con menores recursos económicos.
Entre los factores que influyen se encuentran la falta de acceso a una alimentación saludable, servicios médicos oportunos y el alto costo de tratamientos como la diálisis o el trasplante renal, lo que dificulta su atención en muchos países.
Por ello, el Día Mundial del Riñón también busca sensibilizar a gobiernos y sistemas de salud para fortalecer la prevención, el diagnóstico temprano y el acceso a tratamientos, con el fin de mejorar la calidad de vida de quienes padecen estas enfermedades.
Cada año, esta jornada recuerda que cuidar los riñones es fundamental para la salud general, y que acciones simples como revisiones médicas periódicas, una dieta equilibrada y el control de enfermedades como diabetes e hipertensión pueden marcar la diferencia.