julio 21, 2026

Everardo Gonzalez Castanedo

De mediocre a medriocre ganó el Pueblota

San Luis Potosí, SLP.- El Atlético de San Luis tocó fondo futbolístico en la Jornada 8 del Clausura 2026. No fue solo la derrota 0-1 ante Puebla en el Estadio Alfonso Lastras; fue la forma. Un equipo sin idea, sin carácter y sin rumbo. Un equipo que, sencillamente, no jugó a nada de nada.

La noche estaba puesta para otra cosa. La jornada dedicada a Jacobo Payán Latuff continuaba entre homenajes y memoria. En las gradas estuvieron presentes sus hijos, viviendo el partido como él siempre lo hizo: rodeado de su gente, con la pasión intacta por el futbol potosino. Afuera y dentro del estadio había ambiente de verbena popular, de comunidad, de identidad. Pero todo eso se fue apagando conforme el balón rodaba y el equipo local demostraba su absoluta falta de propuesta.

En la semana, Juanpe Ramírez había declarado que enfrentarían a “un equipo más peor que el Atlético de San Luis”. La frase terminó retratando al propio San Luis. Porque si Puebla era el inferior en el papel, en la cancha fue el único que entendió cómo competir el partido.

El equipo de Guillermo Abascal fue una caricatura: posesión intrascendente, pases laterales sin intención, cero profundidad y nula generación de peligro real. No hubo presión alta efectiva, no hubo variantes tácticas y tampoco reacción desde el banquillo. San Luis fue un conjunto estático, predecible y cómodo en su mediocridad.

Puebla no necesitó hacer demasiado. Esperó, ordenó líneas y entendió que el partido se definiría por un error. Y el error llegó. Al minuto 90, una desconcentración defensiva bastó para el 0-1 que silenció el estadio. Un golpe que no sorprendió, porque el equipo local llevaba toda la noche jugando con fuego.

La responsabilidad apunta directamente a Guillermo Abascal. Su equipo no transmite identidad, no tiene automatismos claros y parece retroceder jornada tras jornada. En casa, con el contexto emocional a favor y ante un rival que llegaba en la parte baja de la tabla, San Luis mostró su peor versión.

La verbena popular terminó en abucheos. El homenaje merecía futbol y entrega. Lo que hubo fue un equipo que no jugó a nada de nada y un técnico que, hoy por hoy, no encuentra respuestas. La derrota no es solo un resultado: es el reflejo de un proyecto que comienza a hacer agua.