Toluca, EdoMex. — En medio del ir y venir de automóviles y el constante sonido de las bombas despachadoras, un guardián de cuatro patas se ha convertido en el rostro más amable de una gasolinera ubicada sobre Paseo Tollocan, en Toluca. Su nombre es Solovino, un perrito mestizo que pasó de vivir en la calle a ser adoptado por los trabajadores del lugar, quienes hoy lo consideran un compañero más de jornada.
Solovino llegó hace aproximadamente dos semanas sin rumbo fijo. Nadie sabe de dónde venía ni cuánto tiempo llevaba sobreviviendo en las calles, pero su carácter tranquilo y sociable hizo que rápidamente se ganara la confianza de los despachadores. Desde entonces, el can se quedó en la estación de servicio, donde ahora acompaña a los trabajadores durante sus turnos y vigila el área.
Vestido con una camisola y una pequeña corbata, el perrito se pasea entre las bombas de gasolina, se acerca a los clientes y permanece atento a los movimientos alrededor del establecimiento. Su presencia no solo provoca sonrisas, sino que también genera una sensación de seguridad entre quienes laboran y cargan combustible en el sitio.
“Es un perro grande, pero muy tierno. Le gusta jugar y convivir con la gente. Los clientes lo acarician y les causa mucha ternura”, relató María Guadalupe, una de las trabajadoras de la gasolinera.
Un esfuerzo colectivo
El cuidado de Solovino es resultado de la cooperación entre los empleados. A través de una colecta interna, los trabajadores adquirieron alimento, una cama y juguetes, además de llevarlo al veterinario para su revisión, limpieza y esquema básico de vacunación.
“Entre todos nos hemos cooperado para comprarle su comida, llevarlo al veterinario y bañarlo. Ya es nuestro compañero, es despachador”, compartieron los empleados, quienes reconocen que, aunque los gastos no son elevados, cualquier apoyo de la ciudadanía es bienvenido.
Las personas interesadas en ayudar pueden llevar cobijas o alimento para perro a la gasolinera Pemex ubicada en la intersección de José María Pino Suárez y Paseo Tollocan, en la zona conocida como La Jet.
La reacción de los clientes
La historia de Solovino ha sido bien recibida por los usuarios frecuentes del establecimiento. Roberto Vilchis, taxista, señaló que la adopción del perro refleja valores positivos.
“Habla bien de la gasolinería y de sus trabajadores. El perrito sabe ganarse a la gente y también da seguridad, porque para cualquier situación, ver un perro ahí ayuda”, comentó.
Para muchos clientes, Solovino representa una segunda oportunidad de vida: dejó atrás la incertidumbre de la calle, donde enfrentaba el clima, la mala alimentación y los riesgos constantes, para integrarse a una pequeña comunidad que lo cuida.
Un problema de fondo en el Estado de México
La historia de Solovino ocurre en un contexto alarmante. De acuerdo con datos del Instituto de Salud del Estado de México (ISEM), en la entidad existen alrededor de 8.5 millones de perros, de los cuales cerca de 5 millones viven en situación de calle. Municipios como Ecatepec, Nezahualcóyotl y Toluca concentran una alta población de animales sin hogar.
La vida de estos caninos es compleja: diariamente enfrentan el tránsito vehicular, la falta de alimento, enfermedades, malnutrición y, en muchos casos, violencia por parte de humanos. Además, la presencia de perros callejeros también representa un reto de salud pública.
Durante 2025, el Sistema Único de Información para la Vigilancia Epidemiológica documentó 16 mil 179 mordeduras de perro en el Estado de México, con mayor incidencia en regiones como Cuautitlán, Ecatepec, Texcoco, Amecameca y Nezahualcóyotl.
Más que una anécdota
Solovino no solo es una historia enternecedora; es también un recordatorio de la problemática del abandono animal y de cómo pequeñas acciones comunitarias pueden marcar la diferencia. Su caso demuestra que la adopción y el cuidado responsable no requieren grandes recursos, sino voluntad y empatía.
Mientras tanto, el perrito continúa con su rutina diaria en la gasolinera, caminando entre despachadores y clientes, como un símbolo silencioso de que incluso en los entornos más urbanos, la solidaridad aún tiene espacio.


