Mundo.- Cada 2 de febrero, millones de personas alrededor del mundo conmemoran la Fiesta de la Candelaria, una celebración religiosa que trasciende fronteras y refleja la diversidad cultural con la que distintas sociedades expresan su fe, identidad y relación con la naturaleza. Aunque su origen está ligado al cristianismo y a la presentación del Niño Jesús en el templo, la festividad ha incorporado elementos locales que la enriquecen y la mantienen vigente.
En México, la celebración conserva una fuerte conexión con las raíces prehispánicas, especialmente a través de la ofrenda del maíz, símbolo de vida y sustento. Antiguamente, las mazorcas eran llevadas a las iglesias para ser bendecidas y posteriormente sembradas, como parte de un ritual que marcaba el inicio del ciclo agrícola. Hoy, esta tradición se mantiene viva de forma simbólica mediante la preparación de tamales y atole, alimentos que acompañan las festividades religiosas y familiares.
Una práctica común en diversas regiones de América Latina es vestir la imagen del Niño Jesús, tradición que también se observa en países como Guatemala, Colombia y Perú. Las figuras son ataviadas con trajes elaborados y llevadas a misa, reforzando el vínculo espiritual entre las familias y su fe, además de preservar un legado cultural transmitido de generación en generación.
En Europa, particularmente en España y Francia, la Candelaria es conocida como el Día de las Candelas, donde la bendición de velas simboliza la luz y la purificación. En algunas comunidades rurales, estas ceremonias aún se relacionan con la protección de los hogares y los campos, manteniendo su carácter agrícola y espiritual.
La festividad también adquiere expresiones únicas en otras partes del mundo. En Tlacotalpan, México, la procesión de la Virgen de la Candelaria, con habitantes vestidos de rojo, es considerada una de las celebraciones más emblemáticas de América Latina. Mientras tanto, en Campeche, la fiesta se transforma en una feria cultural con actividades artísticas y pirotecnia, mostrando cómo la tradición puede convivir con expresiones contemporáneas.
En África y Asia, la Candelaria es celebrada principalmente por comunidades católicas, donde se realizan procesiones y misas especiales, integrando elementos locales que reflejan la identidad de cada región.
El levantamiento del Niño, presente en distintos países de tradición católica, marca el cierre del periodo navideño. En México, esta práctica se acompaña de rituales comunitarios como el cambio de Mayordomía en Xochimilco o las ofrendas gastronómicas en Coatetelco, expresiones que encuentran paralelos en otras culturas donde la comida y la fe se entrelazan.
De esta manera, la Fiesta de la Candelaria se consolida como una celebración de alcance mundial, en la que convergen religión, tradición agrícola y expresiones culturales, recordando que, pese a las diferencias regionales, la fe y las tradiciones continúan siendo un punto de encuentro entre los pueblos del mundo.


